
Tras el perdón de Schuster, Robinho tenía una deuda con el Santiago Bernabéu. A la afición no le había sentando nada bien sus fiestas en Brasil y necesita un buen partido para recuperar la confianza y el apoyo del público...y, lo cierto es que se los metió a todos en el bolsillo.
El brasileño fue el mejor de un encuentro que, pese a saldarse por 4 a 2, volvió a dejar una imagen nada buena del conjunto de Bernd Schuster. Es cierto que los blancos comenzaron muy bien gracias al tempranero gol de Raúl en el minuto dos. Pero el apaño de defensa con Salgado, Metzelder, Ramos y Marcelo dejó mucho que desear. Tanto que el ex atlético Galletti igualaba la contienda cinco minutos después con un regalo defensivo. Trepidante inicio de un partido que no fue tanto paseo como puede reflejar el marcador. Y eso que, de nuevo, en el minuto 12 se les ponían de cara las cosas a los madridistas. Tosoridis derribaba claramente a Van Nistelrooy cuando el holandés encaraba ya al veterano Nikopolidis. Era el último defensor y al colegiado no le temblo la mano al sacarle la roja directa.
Con un hombre menos y el empate en el marcador, el Olympiakos se encerró atrás y confió en las salidas al contragolpe para soprender al Real Madrid. Dominó el conjunto blanco, su superioridad era evidente, pero sin llegar a convencer. En ataque se mostraban incisivos, con la dupla brasileña Marcelo-Robinho especialmente inspirada. Pero en defensa hacían aguas. Se veía próximo el gol local, que hubiera llegado mucho antes de no ser por el guardameta griego. Nikopolidis evitó con más suerte que otra cosa que dos remates a bocajarro de los brasileños se colaran hasta el fondo de las mallas. También Casillas hizo lo propio ante un conjunto helénico que se presentaba con cierta facilidad a las inmediaciones del madrileño.
Schuster no lo vio claro y se marchó al vestuario con un mosqueo monumental al ver que su equipo, con uno más, era incapaz de romper la débil defensa griega, que competía con la madridista en despropósitos. Tras el descanso se complicaban las cosas con el gol del ex madridista Julio César. Corría el minuto 47 y el Olympiakos ponía contra las cuerdas al Madrid. Fue entonces cuando el partido se rompió por completo, sin dominio en el centro del campo, las jugadas se sucedían de una a otra portería. Aunque con predominio blanco. Se veía que el empate estaba hecho, incluso la victoria, por la pésima defensa visitante pero tardó en materializarse.
No fue hasta el minuto 68 cuando Robinho levantaba al estadio con el gol del empate. Forzaba incluso un penalti acto seguido, pero Van Nistelrooy envió el esférico al tercer anfiteatro en un lanzamiento muy desafortunado. El Madrid se volcó al ataque con Guti, pero sobre todo con el brasileño, como directores de orquesta. Y obtuvo su premio en forma del tercer tanto de la noche. Un disparo cruzado y voleado imposible de parar para Nikopolidis. Schuster dio entrada entonces a Balboa, encargado de cerrar el marcador con el cuarto de la noche cuando se superaba ya el tiempo añadido. Eso sí, antes de ese gol Casillas volvió a salvar al Real Madrid. El portero desbarató en apenas cinco minutos tres claras ocasiones de gol que con otro jugador bajo los palos habrían acabado, al menos una de ellas, en el fondo de la red. Los blancos se aprovecharon de nuevo del estado de gracia de Iker y evitaron un empate que hubiera supuesto una decepción por resultado y juego. Pero con el 4 a 2 ya nadie se acuerda de la mala sincronización de su defensa y de lo cerca que se ha estado de no ganar.
Pero en Champions ya se sabe que lo que importa es ganar de la manera que sea y ahora, con siete puntos, el Madrid lo tiene todo de cara para acabar como primero de grupo. Algo que está comprobado que es muy importante para los octavos de final.